Vuelvete a la Palabra, que de toda la vida,
ha llovido ahora y el suelo finalmente ha prosperado;
ronca el azul, porque anuncia perecer la madrugada.
La luna que parece salir de la madriguera;
son las nubes brazos de madre que aman,
es otoño, todo vuelve a renacer, yo salgo,
los ocres cantan; es cierto, los cielos cantan.
Está decidido a morir y eso lo hace hermoso.
Congelo las promesas y los votos.
Escribo sobre los secretos, elijo los misterios y cargo,
cargo con exánime provecho tu alegría.
Soy un Poeta es cierto, pero canto.
Y en ese canto te descubro nueva,
voy a Cristo, Él me dijo que vos sos esa Poesía.
Te busco en las ochavas de mi ministerio,
en el anhelo de las prendas nuevas,
en la sorpresa que causa la apariencia desprolija.
Vos sabés que no miento, por dentro también me falta,
tomate tu tiempo, desempacá las valijas...
Notas del tiempo de la espada y la pared.
Notás lo que me falta con un simple repasar de la mirada,
y aunque miro en los detalles más universales,
no puedo poner en orden dos zapatos en una caja.
Y aunque no soy recomendable; y es cierto,
es frustrante o suele ser, saber y darlas.
Da la impresión de estar de viaje de a poco,
como boleros de las rutas que se abren,
como facciones levantadas por fantasmas.
¿Y quién diría que vas hacia el mendrugo?
¿Dónde irá sino a la Cruz el desesperado de a brazadas?
Me ha llamado la atención, resulta claro,
doloroso en la abstracción,
mañana y nada.
Tu ropa y nada, y voz, tu grito calla,
se agita el esternón,
y el mar descansa.
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